lunes, 25 de abril de 2016

Tres pajaritos amarillentos.



 Tres pajaritos amarillentos.

Casi mes y medio después del suceso. me levante por segunda vez, había tenido el mismo sueño dos veces esa tarde, Ya no era coincidencia. Le conté a mama, al principio lo dudé mucho, ella casi nunca tomaba mis sueños en serio decía que solo eran eso, sueños, además mama todavía tenía esa melancolía que nunca ha desaparecido. Cuando le conté mi sueño me dijo que le contara a mi prima, precisamente ese día se realizaba la novena de navidad en mi casa, ni la tragedia iba a impedir que mi familia continuara con la tradición de las novenas. De niños mis primos y yo las odiábamos, nos tocaba leer en voz alta aterrorizados ante los ojos adultos, tratábamos al máximo de no equivocarnos, porque por lo general era una vergüenza familiar, equivocarse equivalía a ser ridiculizado por aun no saber leer, en nuestra defensa sabíamos leer muy bien solo que estábamos nerviosos, diría que era un inocente pánico infantil. Yo seguía jugando a descifrar el sueño, no tenía idea alguna de que quería decir, pero esos tres pajaritos amarillos eran hermosos, con sus cantos melodiosos, me hicieron revivir más revivir ese día.
Cuando llegue a Cerete tenía mi alma atormentada pero lista para la lucha, por lo general cerete es muy caluroso pero ese día apenas puse un pie en la calle, las nubes grises y el frio sepulcral de aquellas miradas silenciosas, Me anunciaron que habría una tormenta. Mi viejo me recibió con un abrazo que me devolvió el calor cordobés, aunque él se crio en Facatativá, mi viejo ya era más mamador de gallo que cualquier costeño, bueno para no generalizar hablo de cualquier costeño extrovertido porque, aunque no lo crean no todos tenemos sentido del humor. No tuve que caminar mucho para encontrar a mama, tuve que esperar unos segundos porque amigos y cercanos se le abalanzaban y ella parecía encontrar un pedazo de soledad en cada pecho que estrujaba.  Apenas eran pasadas las 10 de la mañana cuando entre, saludé a todos en la habitación alrededor de soledad, recorrí la casa encontrando todas las habitaciones llenas, había mares de gente en el patio y las sillas estampadas en el piso, algunas vacías esperando aún personas, eran incesantes las olas de conocidos que entraban y salían de todos los rincones. Encontré una silla un poco alejada de la multitud, desde ahí podía observar la marea, Me senté y en el acto me di cuenta que ese día seria indudablemente uno de los días más largos de mi vida.
Familiares y conocidos preguntaban por mama quien naufragaba por la casa, yo de vez en cuando la rescataba, pero no demoraba mucho en perderse de nuevo. Al medio día hicimos una pausa para comer, toda la gente fue partiendo sin despedirse. Almorzamos en la casa nueva, el almuerzo más insípido que jamás probé y eso que yo siempre les decía a mis amigos que donde mi abuela se daban los mejores banquetes de toda la costa colombiana, pero ese día solo fue dejar entrar algo al estómago y darme un buen baño para poder soportar toda la tarde.
La gente de nuevo se fue aglomerando en la casa, no faltaba mucho para la misa y parecía mentira que soledad viviera tan cerca de la iglesia, era como una premonición, como si siempre lo hubiera sabido y quiso ahorrarnos trabajo. Respete mucho a abuela ese día, noventa y cuatro años y recordaba cada uno con la lucidez de un adolescente. Tía Lena dijo algunas palabras en el altar, Yo no hubiera sido capaz de parame y decir algo, no encontraba mi idioma, la vida me sabia como un mal chiste. Acabada la misa soledad fue cargada hasta el auto, pensé que conduciríamos para no demorarnos, para agilizarlo todo y fumigar el dolor. Apenas eran las 5 de la tarde cuando la travesía empezó el auto se flanqueaba entre cuerpos con vida, nadie golpeaba el vidrio, nadie quería despertarla. el silencio se asentaba, guardaba su estruendo, todavía quedaba mucho por recorrer. la multitud era pastoreada por las luces estacionarias, una vez a la izquierda y dos veces a la derecha habían parecido 40 años en el desierto. Algunos decidieron ir primero y esperarla, otros recorrimos el pueblo. El último tramo era el más difícil no hubo silencio que se hiciera respetar a todos nos quitó algo ese lugar, salimos mutilados, pero esa noche descansamos casi tanto como ella lo estaba haciendo.
La familia fue llegando a la novena, mama siempre se ha lucido con la comida en las reuniones, por eso siempre asiste toda la familia y quien no asiste igual tiene su guardado, aun si fuera toda la familia y repitieran todos comida, yo duraría los 2 días siguientes picando de lo que cocinara y eso a mí nunca me ha disgustado porque soy de buen diente, “mejor que sobre y no que falte” la he escuchado decir siempre. Todo el mundo llego, tuvimos que prestar algunas sillas, pero todos se acomodaron e hicimos las novenas, leí a la perfección, pero mi viejo cometió un par de errores culpando a la edad como cualquier adulto haría, pero no les gusta decir la edad porque la edad es solo un número.
Le conté a mi prima lo que esos tres amarillentos pajaritos me habían dicho, tuvimos un momento a solas o pues casi a solas, una nigeriana que había vivido toda su vida en Ohio se quedaba en mi habitación y yo dormía por ahí en cualquier parte de la casa o a veces ni dormía, ella no hablaba español, pero mi prima hablaba un inglés perfecto así que mientras tenían una conversación entre un momento a mi cuarto y le conté a mi prima lo mismo que a mama. Ella le dio un sentido más profundo, sus ojos se difuminaron. lo único que no entendimos fue: ¿por qué teníamos que esperar un año? No debí prestarle atención al sueño porque lo más doloroso de toda la historia fue que tuvimos que esperar solo 8 meses para saber cuál era el mensaje de esos tres pajaritos

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